¿Y USTED QUÉ HARÍA?
Porque claro, el sufrido paisanaje se merece otra
cosa. O al menos varios millones de votantes potenciales se lo plantean
diariamente (parece que en algunos apostantes por Zapatero -¨Grupo Prisa”, por
ejemplo- ya se piensan la conveniencia del adelanto de las elecciones). Sin
embargo, el panorama de futuro, de un posible recambio, o cambio total, es
incluso más inquietante.
Nada mas perder las elecciones, los
poderes fácticos decidieron la reconquista del poder que, como es bien sabido,
en este país de países es de exclusiva propiedad de la derecha. Ese objetivo
motivó la reproducción del exitoso planteamiento del “acoso y derribo” de que
nos hablaron ya como practicado para la victoria de Aznar los prestigiados
periodistas Luis Mª Ansón y Pedro J. Ramírez. Pero como todo tiene su cruz,
servidor de tal estrategia el PP ha dedicado todos sus esfuerzos a intentar
demostrar que si perdieron las elecciones no fue por un mero ejercicio
democrático sino por haber sido forzada la ciudadanía mediante el atentado
islamista (que según tal teoría no fue islamista sino de ETA). Ahora parece, al
cabo de tanto tiempo, que tal estrategia ha cedido en su intensidad, lo que nos
tener alguna esperanza en cuanto a que ese partido de la oposición se dedicará a
los temas que preocupan a los habitantes de este país. Aunque esa esperanza no
la tengamos muy asentada.
Rajoy, un gran burgués, registrador de
la propiedad por mas señas, no es el tipo adecuado para la asilvestrada derecha
representada por un partido fundado por Fraga y controlado por Aznar a través de
sus arietes el inefable Acebes y el buen comunicador de Feria de Muestras
Zaplana. Un partido, por otra parte, nada consecuente. Porque veamos: ¿dónde han
quedado sus promesas de derogar la ley que permite el aborto, por ejemplo?,
porque durante la época aznariana las interrupciones de embarazo alcanzaban a
las 22 semanas; ¿acaso se resolvió el conflicto de la enseñanza de la religión,
o el económico con la Iglesia?, tampoco, ha tenido que ser Zapatero quien acepte
los dictados eclesiales en ambos contenciosos; Rajoy hubo de someterse a los mas
duros del partido en el tema de las uniones entre homosexuales, y hasta presentó
su partido un recurso de inconstitucionalidad, pero posteriormente sus
militantes mas conocidos se unieron pública y oficialmente en actos presididos
por pesos pesados del PP (Gallardón en Madrid, y algo parecido en Orense). Si
alcanzasen el poder nuevamente ¿derogarían todo lo legislado hasta ahora
respecto a ambos temas?, no, y con ello demuestran su completo desprecio al
ciudadano y su falta de ética al instrumentalizar en provecho propio
convicciones y anhelos de sus potenciales votantes.
La cerrazón del PP, su sometimiento a la
extrema derecha, ha quedado acreditado en su postura anticatalana que le movió a
promover una campaña de recogida de firmas contra el Estatut, ¿qué ha sido del
mas del millón obtenidas?, nunca mas se supo. Y España ni ha desaparecido, ni
tan siquiera se ha resquebrajado, y los estatutos han quedado en simples
experimentos con gaseosa, que para eso están en el poder los jacobinos del PSOE.
El descaro del partido en la oposición
ha llegado a su cenit con el problema de la inmigración. La tésis mantenida es
que con el gobierno de Zapatero se ha incrementado el número de “sin papeles”, y
que no hay medida alguna para controlar o encauzar el desbordado flujo
migratorio, y es cierto ¿pero que hicieron los dos anteriores gobiernos del PP?,
porque los que ahora están se encontraron con una bolsa de irregulares que
según cifras oficiales –con la elasticidad que tales datos siempre tienen- era
de mas de 800.000 personas explotadas por una economía en expansión que los
necesita pero los ignora como ciudadanos con deberes y con derechos.
¿El Partido Popular, como partido en la
oposición, ofrece soluciones a los problemas de la sociedad?. Solo acusa,
intenta justificar sus propias chapuzas, pero nada mas. Denuncia la corrupción
de cargos y militantes del PSOE, y simultáneamente oculta, disimula, no condena
y avala iguales irregularidades cometidas por los suyos; clama para que
destituyan a los concejales “socialistas”, pero presenta como candidatos a
quienes de entre los suyos están bajo igual sospecha. Utilizan el agua como
instrumento de ataque y movilizan a las masas en Murcia contra Castilla la
Mancha o a los valencianos contra Catalunya y Aragón, pero en las dos apoyan a
quienes se niegan a dar una gota de agua a los que dicen necesitarla.
No, no es presentable todo esto. Negarse
por negarse, reclamando un acuerdo antiterrorista, y oponerse sistemáticamente a
un mero acercamiento entre los dos grandes partidos, porque, afirman, no se les
tiene en cuenta en el actual proceso de pacificación para Euskadi. Son los
mismos, ¿lo recuerdan?, que tras el terrible atentado del 11 M no se les pasó
por la cabeza llamar al principal partido en la oposición, según lo acordado en
tal pacto. Los que no quieren que haya salida alguna acordada, pactada o como se
quiera respecto a un cáncer que dura ya cuarenta años y que ha ocasionado mas de
800 muertos y centenares de heridos; en el problema del IRA hubo 3000 muertos,
entre ellos un pariente de la reina, y hasta una ocupación militar británica, y
pese a estar todo eso sobre la mesa, las partes se sentaron a negociar. ¡No es
lo mismo, no es lo mismo!, alegan como excusa: pero todo conflicto territorial,
toda espiral terrorismo-represión es igual, aquí y en Sri Lanka. Quieren hacer
imposible que la pequeña luz encendida se convierta en la claridad definitiva
que todos deseamos. Suya, junto también con otros, será la responsabilidad. Al
PP, que no ofrece mas que la solución policial pero que se niega a abordar la
política, ha de pedírsele que colabore en cualquier acción encaminada a una paz
duradera, y aparte de sí la semántica y un patriotismo españolista trasnochado,
y ya imposible.
Esta es la situación. Desalentadora,
sin duda, por estar protagonizada por los dos partidos mayoritarios. Podríamos
apelar a los viejos y conocidos tópicos, el de las dos Españas, el de ¡qué país
Miquelarena! o el del susurro de Cánovas a su compañero de banco azul cuando en
el congreso se discutía la Constitución de 1876: “art. primero, son
españoles....”, “los que no pueden ser otra cosa”, apostilló el político
malagueño. Todas son referencias a la nefasta Restauración y a lo que generó, y
es que a fin de cuentas se equivocan quienes pretenden dar por concluida la
Transición porque lo que hay que enterrar primero y definitivamente es la
decimonónica España de los turnantes partidos al servicio de una sociedad
caciquil, centralista y dominada por los poderes fácticos, sintomáticamente
presidida por una inútil y antidemocrática institución. Una autentica revolución
política basada en la concienciación de la sociedad, que precisamente por eso no
precisa ser violenta, pero sí inexcusablemente necesaria.