MEDIOCRIDAD
A finales de los
años sesenta del pasado siglo se le hizo una entrevista a Joan Fuster
para “El Pensamiento Navarro”, y una de las preguntas era: “¿Qué
piensa de un país cuyo Ejército desfila al
compás de los pasodobles?”.
Fuster no dijo nada, dio un tiento al aguado whisky que le quedaba y
solo esbozó un rictus inescrutable; se pasó a la siguiente del
cuestionario.
La caracteriología,
la realidad de este país ha sido siempre, es, abocadora a la depresión.
En las dos
confrontaciones televisivas entre los dos cabeza de lista para las
últimas elecciones generales, quedó reflejado el mayor mal de nuestra
clase política: la mediocridad.
Ni Rodríguez
Zapatero, ni Rajoy, dieron la talla absolutamente en nada. Ni la primera
ni la segunda vez. Aquello constituyó un claro desprecio a la
ciudadanía, no imputable a los propios candidatos que se median ante las
cámaras, sino a los partidos que los habían designado como candidatos, y
previamente como sus Secretarios generales. Todo lo que se dijo fue
gris, pero también cabía cualquier otro calificativo como el de vulgar.
¿Era así, o simplemente se despreciaba a la audiencia que veía y
escuchaba?.
No propusieron nada
nuevo, imaginativo, sino que repitieron agravios que ya a nadie
interesaban, entre otras cosas porque eran las mismas rancias
vulgaridades que en las tertulias políticas de las diversas cadenas día
a día se echaban a la cara mediante técnicas de telebasura unos cuantos
periodistas (siempre los mismos) que a su vez repetían
iguales argumentos que antes habían escrito en columnas de colaboración
diaria o en artículos de opinión.
Era vergonzoso
comprobar, en ese “cara a cara” televisivo, como el aún presidente del
gobierno prometía hacer, si era elegido, aquello que en cuatro años de
presidencia ni tan siquiera había apuntado, y a Rajoy, Secretario
General del principal partido de la oposición, acusar a Zapatero el no
haber hecho aquello que su partido, el PP, tampoco había tenido tiempo
de tan siquiera iniciar en ocho años de presidencia de Aznar.
Cuando González llegó
al poder, Alfonso Guerra pronunció aquella frase que desde entonces se
convirtió, si no en la Biblia del PSOE, sí al menos en la divisa del
“progresismo” burgués de ese mismo partido: “a España no la va a
conocer ni la madre que la parió”.
Es cierto que, además
de corrupciones sin cuento, en la historia contemporánea de este país de
países hay un “antes” y un “después” a la gestión de Felipe, que fue
quien lograría que diésemos el salto al siglo XX (negarlo constituye no
un error, sino una estricta imbecilidad), pero lo malo es quedarse en el
gesto, en la cáscara o, lo que es lo mismo, volvernos a hundir en la
mera palabrería buscando la instantánea de un presunto impacto mediático
y seguir sin profundizar o ni tan siquiera tratar los verdaderos
problemas estructurales, de convivencia, de servicios, de seguridad, de
educación, sanitarios, etc. Que hoy, al igual que desde 1982 siguen
pendientes (perdonamos la “transición” por –se argumenta- ser un tiempo
de adaptación democrática).
Es triste que se
hayan perdido cuatro años más en una pugna,
además de estéril frustrante, desatada por el PP cuando en 2004 perdió
las elecciones –parecía que le habían robado lo “suyo”, lo que ya
consideraba de propiedad permanente- cuando inició una campaña de “acoso
y derribo” propiciada por el sector mas duro e impresentable del
partido, una campaña que les había dado resultado cuando en 1996 Aznar
logró el poder, pero aquél era un tiempo distinto, con un Felipe cansado
(¿recuerdan su desgana en los enfrentamientos televisivos?) ante la
avalancha de corrupción y miserias internas de su partido.
Ahora, hace cuatro
años, no era lo mismo, y los ciudadanos hemos presenciado estupefactos
como al ser convocadas las elecciones seguía,
por ejemplo, sin resolverse, sequía tras sequía, en 22 años, los
problemas del agua, o como un progresista Código Penal deja en la calle
a todo tipo de criminales, también como una nula política inmigratoria
va profundizando la discriminación y el racismo, sin olvidar como un
falso “progreso” inmediato en los municipios ha creado una economía
falsa, artificial y corrupta, tan endeble que al primer estornudo
bursátil se viene abajo en un país de mas que de servicios servil, según
diseñó Fraga hace 45 años, un país en definitiva que quería estar en el
G 8 pero con el que ni se cuenta cuando los cuatro grandes europeos se
reúnen, y que a las pocas semanas de lo que decimos se anunciaba que
había pasado del octavo puesto mundial al once como potencia económica
ya claramente sobrepasado entre otros por China e India (Italia se
mantiene)..
Y lo peor es que no
hay recambio. Ni el señor registrador de Santa Pola tiene capacidad para
liderar ni tan siquiera su propio partido, ni en el PP –todos sus
barones de gran formación y aspirantes a ombligos de mundo- van a dejar
de navajearse. Imaginemos, sin ir mas lejos, que la Aguirre comandara el
buque, quiénes ahora han hecho alarde de machismo ante los nombramientos
de Zapatero ¿callarían alentados por Zaplana, Gallardón, Acebes, etc.?,
pero si en Génova han vuelto la cara de risa con el nombramiento de
Soraya…
Claro que todo puede
ser, porque si en la campaña electoral –lo
anunció Rajoy- dijeron estar dispuestos a aceptar el “matrimonio
homosexual”, si antes se opusieron al aborto y con Aznar llegó a las 22
semanas de gestación, o recurrieron el Estatut especialmente por lo de
la lengua y no hace nada alguien como Montserrat Nebreda, con muchas
posibilidades de dirigir el partido en Catalunya es partidaria de la
máxima enseñanza del catalán, pues ustedes me dirán, como también todos
deberíamos reflexionar en cuanto (¿hay algún calificativo que no roce el
Código Penal?) a las declaraciones, desmentidos, correcciones,
puntualizaciones y “brindis al sol” que los del PP (en esto
desinteresadamente acompañados por el PSOE) han hecho respecto al
gravísimo problema del agua.
Ahora el “éxito” de
Zapatero ha sido incrementar los ministerios. Ha creado, sin ir mas
lejos, el de “Igualdad”, pero vamos a ver ¿no hace muy poco tiempo que,
con absoluta sensatez, se decía que había materias que no necesitaban de
una especificad de departamento porque con solo aplicar en cada ramo y
mediante la legislación existente lo ya legislado era bastante?, ¿ha
cambiado en meses ese criterio?.
Ahora se acuerdan de
crear un ministerio de “Trabajo e Inmigración”, pues bueno, pero el
prestar la debida atención al fenómeno migratorio era clamorosamente
necesario; quien haya leido la “Propuesta Programática del Partido
Carlista” comprobará que proponíamos la creación de un especifico
Ministerio de Migraciones “en estrecha colaboración con los de las áreas
de Trabajo, Sanidad, Vivienda e Interior”, o sea que al fin han caído
en la cuenta, pero lo hacen al revés, lo hacen mal, porque para ellos la
emigración es un problema añadido al del trabajo, con lo que al no dar
la entidad que el problema requiere, la inmigración es tema tan solo
para una Dirección General de ministerio.
Dejamos a propósito
para otra ocasión el maltratado asunto de la conformación territorial
del oficialmente llamado “Reino de España”, en el que todos los partidos
sufren el que podíamos llamar “síndrome de
la claudicación”. Todos quien abordar el problema, es decir, saben que
se necesita modificar la constitución, y que en base a ello se podría
intentar algo mas. Todos volverían a sentarse, pero ninguno quiere que
se le señale con el dedo, todos para que seguir mas, están con las
puertas abiertas y conocen lo que en definitiva mas tarde o mas temprano
habrán de tratar, pero nadie quiere que el otro le señale con el dedo,
todos, cuando van a doblar la esquina miran atrás por si alguien les ve;
todos quisieran ser Tony Blair, pero son unos mediocres y no se atreven.
¿El problema de este
país, el problema de los españoles? Acudiremos a un viejo chascarrillo
de circo que parafraseamos de lo que concluían
dos inteligentes payasos en un interminable acertijo:
“…¿pero esto qué
es?
La mediocridad,
estúpido, la mediocridad”