GLAMOUR PALETO
Así puede calificarse la fascinación que nuestros jefes de gobierno
sienten porque les dejen estar en el súper exclusivo club del G-8, al
que no se puede pertenecer ni por acudir a ventanilla ni por pagar una
cuota de entrada.
Sólo
por invitación de quienes ya son socios, y siempre que el candidato
reúna unas condiciones, jamás explicitadas, pero que se refieren no a
mera bambolla o apariencia, sino a sólidas realidades visibles para el
menos especialista en la materia, y que no son datos estrictamente
económicos, ni mucho menos porque para su evaluación se aplican
parámetros como los utilizados por el Programa de la ONU para el
Desarrollo con los que se elabora su serio “Indice de Desarrollo
Humano”, según el que lo a tener en cuenta es la vida larga y saludable
de los ciudadanos, expectativas de vida, escolarización y rendimiento
escolar, vida digna en función del PIB per cápita en la relación poder
adquisitivo/coste de la vida…
Y ahí es donde se produce el pinchazo: si desde el punto vista de su
estricta riqueza España es, efectivamente, la octava potencia mundial
(China ya es la cuarta) al mismo tiempo se mantienen datos
descorazonadores, como el de que si es cierto que tenemos, junto a
Irlanda, el desarrollo económico mas sostenido de la UE, también un 20%
de la población sigue en la pobreza. Como también se mantiene la
inadmisible temporalidad en el empleo ya que solo el 66,7% en 2005 era
estable (en 2003 el 63,3%), y todo ello en contraste con el hecho de que
España sea el décimo país del mundo y el segundo de Europa donde más
creció el número de ricos (un 8,7%, 141.000 personas).
Aparte de esos datos, de los que pueden extraerse consideraciones
importantes, están otros que también muestran la realidad de una
potencialidad económica no útil para sus habitantes. Así, por ejemplo,
que España esté a la cola en la lucha contra el cáncer ya que los fondos
destinados a investigación oncológica son cuatro veces inferiores a la
media europea, o que han empeorado los resultados de años anteriores
respecto a la educación situándose por debajo de la media europea en
cuatro de los cinco parámetros de calidad marcados por la UE para
mejorar los sistemas educativos de aquí a 2010, estos: reducción del
fracaso escolar, aumento de los jóvenes que cursan la enseñanza
obligatoria, mejora de la comprensión lectora y aumento del número de
diplomados en matemáticas, ciencia y tecnología; solo la formación de
adultos está por encima de la media europea.
También a titulo ilustrativo, pero que significa muchas cosa, es que
España es el país de la UE con mas proporción de muertes en carretera
por abuso del alcohol, lo que está relación directa con la educación, la
permisividad en el negocio de lo lúdico y hasta en el estado de las vías
secundarias. Podríamos seguir exhibiendo muchos mas datos de vergüenza.
No, no es este el país idóneo para ser invitado al restringido club del
G-8, y lo sentimos tanto por Zapatero como por Aznar que, este último,
veía tal ingreso como “la confirmación de que habíamos saltado a la
primera línea”, pero claro para Don José Mª, como buen neoliberal a lo
Esperanza Aguirre, solo importa lo económico, con el único beneficio y
enriquecimiento de unos pocos y la paralela ignorancia en cualquier
aspecto de las necesidades del resto en vivienda, educación, sanidad,
seguridad, etc, y como así no se puede entrar en un grupo mundial en el
que se rigen no solo por el desarrollo económico sino también por el
Indice de Desarrollo Humano, pues no hay manera.
Tanto a Zapatero como a Aznar lo único que le importan es el reloj
ostentoso con muchas ruedecillas y los coches de alta y últimisima gama,
o lo que es lo mismo: el glamour paleto. El diario ABC, (23-9-07), tan
poco sospechoso de parcialidad seudo izquierdista, lo concretaba así:
“¿En qué se parecen José Maria Aznar y José Maria Rodríguez
Zapatero?. En su devoción por el capitalismo. En que a ambos les gusta
presumir de que España se ha aupado al grupo de países más ricos y
desarrollados del mundo y merece ingresar en el G-8”. Pero lo
importante es otra cosa, y de ello se dan cuenta otros, los que ya están
por méritos sólidos y contrastados, los que ven la pretensión ridícula
de nuevo rico, con los pies, además, de barro mal urbanizado de nuestros
gobernantes.