LA FALACIA NEOLIBERAL
A
diario se nos bombardea desde los medios de comunicación masivos con
opiniones y declaraciones de académicos, empresarios, políticos de
derecha, pero también de PSEudO izquierda, en defensa del modelo
neoliberal capitalista.
Es
como “Una música constante”, la superpasad de moda de Milton
Friedman y los Chicago boys; la estrenó Pinochet en Chile, después
Margaret Thatcher, Ronald Reagan, y el resto de la elite mundial sigue
cantando la misma canción.
En
declaraciones recientes, en la toma de posesión del nuevo presidente de
la patronal CEOE, Gerardo Díaz Ferrán dijo que la mejor empresa pública
es la que no existe y defendió la externalización de los servicios
públicos. Es decir, su privatización. En otras declaraciones la
Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre (la cólera de
Dios) dijo que hay que desregularizar la actividad económica para
dinamizarla. Y en un estudio (pagado por un banco) de David Taguas,
(director de la oficina económica de la Moncloa) pronosticó la quiebra
de la Seguridad Social a corto plazo y propuso el cambio de modelo -del
público de reparto, al de capitalización individual- (en beneficio
exclusivo de las instituciones financieras. Como ello tiene un coste
transitorio para el Estado, propuso la jubilación a los 70 años.
Esta estrategia antiestatal se vincula a la del capital que trata de
limitar las intervenciones públicas exclusivamente en beneficio propio,
reduciendo el papel del Estado (sin suprimirlo del todo) a las funciones
de policía para controlar la población.
La
intencionalidad de estos estudios y declaraciones es doble. Por una
parte forzar el proceso de privatización de todos los servicios, así
como lo poco que queda del “Estado del Bienestar”: sanidad, educación,
seguridad social… y desmantelar todo el sistema legislativo de
protección, tanto a nivel laboral, sindical, como medioambiental;
precarizando las condiciones laborales de la clase trabajadora, para
maximizar el beneficio a corto plazo y disciplinar y adoctrinar a los
trabajadores en la lógica capitalista.
El
discurso neoliberal se basa en la ausencia de normativa, en el “Laisser
faire” y en que la “mano invisible” del mercado regulará la
actividad económica. La teoría dice que los egoísmos privados producirán
beneficios públicos. La realidad es muy diferente. Lo que quieren las
empresas es un Estado poderoso que organice las cosas de acuerdo con sus
intereses a largo plazo. La industria desea ser regulada por un corpus
normativo favorable, (Tribunal de la Competencia, Comisión Nacional del
Mercado de Valores, Sindicatos domesticados, etc.) porque sabe que si
no, será destruida por un exceso de competencia, huelgas “salvajes”, u
otras agresiones externas.
“Laisser
faire”… se supone que aquí nadie planifica nada, solo se actúa por
una especie de iniciativa benevolente general y que a unos les va mejor
que a otros. Pero de todos es sabido que los hombres de negocios, los
funcionarios superiores del gobierno y los principales editores del
Mass Media se reúnen. Y no solo eso, también pertenecen a los mismos
clubs de elite, han ido a los mismos liceos y acuden a las mismas
fiestas. Pasan de un cargo público a otro del sector privado,
representan a la misma clase social… sería absurdo pensar que no
intercambiasen ideas y planificaran conjuntamente.
Muchas de estas reuniones están institucionalizadas tanto a nivel
internacional (FEM de Davos, Comisión Trilateral, Club Bilderberg,
Busines Roed Table, y un largo etc.) como a nivel español. Los ministros
económicos (Industria, Comercio Infraestructuras), se reúnen con las
grandes empresa, corporaciones y bancos y planifican con ellos cuanta
inversión ha de haber , donde han de ir las subvenciones pública, cuanto
y que se ha de consumir, etc.. Esto es muy eficaz, no por mejorar el
bienestar de la población, sino por asegurar los beneficios
empresariales. Adam Smith, (nada sospechoso de revolucionario) aseguraba
que cada vez que se reúnen hombres de negocios podemos estar seguros que
están cocinando un plan para perjudicar al público. Los ricos están
subsidiados generosamente por el Estado a través de la construcción de
infraestructuras públicas faraónicas (AVEs, Puertos, Aeropuertos,
Autopistas, etc, etc.) ayudas a la exportación, subvenciones y
desgravaciones a la industria, intervenciones diplomáticas en defensa de
los intereses “españoles” a Sudamérica, (Repsol, Telefónica, Endesa,
BBVA) y “humanitarias” que aseguren mercados y materias primas, rescate
de quiebras de entidades financieras (Banesto, Forum Filatélico), ayudas
a fondo perdido (1.400.000.000.000 pts.) a las eléctricas por su
convergencia en la competencia, publicidad institucional en los medios,
así como con una fiscalidad regresiva e impuestos indirectos, con
repercusión adversa sobre las personas con menos recursos. Todo en
beneficio exclusivo de las elites rentistas.
Mientras, los servicios sociales, la sanidad, la educación pública, así
como las infraestructuras de utilización popular pierden peso específico
relativo en los presupuestos generales del Estado, con la consiguiente
degradación y falta de eficiencia de estos servicios que, en definitiva
será utilizada para propiciar su privatización.
La
retórica neoliberal es cínica y falaz. Hablar de “libre mercado” está
bien en tertulias, editoriales, artículos de opinión etc., pero en
realidad nadie lo practica. Desde el “Crack” de 1929 se sabe que el
capitalismo de libre mercado no funciona sin un sector público masivo y
una intervención estatal en la economía para coordinarla y protegerla de
las fuerzas hostiles, es decir, cuando vulnera los propios principios
que dice defender y se asegura una legislación favorable y un predominio
del capital sobre el trabajo.
Francesc
Xavier Miralles
(El
presente articulo ha sido también publicado en catalán en “AUTOGESTIÓ”,
boletín del Partit Carlista del País Valencià, núm. 166, del presente
mes de abril)